
La verdad es que cada día es mas difícil encontrar algo que no haya hablado; son cosas que no se pueden contar porque son momentos que se tienen que oír, me encantaría que viesen a los brasileiros hablar (sobretodo a los cariocas que parece que hacen 10,000 sh´s por frase) como también son expresivos con sus manos; me encantaría que viesen qué tan importante es el baile (los miles de bailes), la salud y la conciencia social; comer un plato de comida minera (del estado de Minas Gerais) o bailar axé, música de la bahía; … como extranjera es una gran emoción cuando comienzas a relacionar las culturas regionales, como acentos al hablar, comidas, regionalismos, bailes de un estado (ahora me río cuando oigo hablar a alguien de Minas, porque hablan como costeños con mucha flojera como si el mundo se detuviera); los pequeños detalles que se notan cuando no eres turista son los que le dan ese toque especial – y a veces gracioso – en un país; sólo observar a la gente en un restaurant (por peso del plato), SIEMPRE, SIEMPRE van a comer frijoles enteros, arroz blanco y farofa (un tipo de harina o algo asi que le ponen a todo, solo para llenar más…y ni sabe a nada) aun cuando salgan a comer por algo especial, comerán eso (más alguna carne) y aun así piensan que es la mejor comida del mundo… yo nomás llevo dos meses y cada vez parezco más y más como un arroz… inflado…y prieto.
Me encantaría que saborearan las diversas razas que conviven en un país y todos se dicen brasileiros: negros, indígenas, europeos y claro, mezcla de todos estos… hay de todo un poco; de todo mucho. Tan solo caminar por el centro de una ciudad como Sao José dos Campos, por la Avenida Paulista de Sao Paulo (como Mazaryk, Reforma o Insurgentes del DF, osea, la más importante), por el malecón de Río de Janeiro o por la calle más pequeña de un pueblito, se ven miles y miles de combinaciones, gente de todos colores, sabores, estaturas y religiones… sí, religiones. Brasil es un pueblo muy religioso. Es muy interesante ver como hay iglesias en cada esquina, desde las religiones conocidas hasta ese tipo de iglesias estilo “Vamos oh! Hermanos! Paguen el diezmo a cambio de su milagrito” o “ponga su petición en el copón de los milagros, y su vida cambiará…..$5 Reais (en letritas)”… además que un 35% a 40% de las personas que veas al día, van a traer puestas una camiseta que diga algo de Dios, Jesús, María u otro variado personaje bíblico… entonces el caminar a tu trabajo o solo pasear se vuelve una tortura visual porque cada 3 segundos que ves esa publicidad, te sientes como un pecador.
Además de eso, hay una impresionante invasión de japoneses; así que súmenle la variedad cultural…es hermoso, y lo más curioso es que casi no hay influencia portuguesa, sino más que nada, africana y propia de la mixtura cultural. Encuentras mucho de África en el casi todo brasileño: bailes, costumbres, comida, tradiciones, etc. pero depende mucho de la región donde estés, Brasil es un poco grande. Por ejemplo, en el puente del 1ero de mayo, después de 1 mes de organización, juntar el equipo de 10 personas y 12 horas de camino en 2 carros, logramos irnos a Florianópolis. Esta ciudad es en el Estado de Santa Catarina, osea, al sur, sur, sur del país…y del continente. Estar al sur de Brasil es como estar en una combinación de Argentina y Europa,; es la región donde salen la mayoría de las top models, y tiene fama internacional de que es región de personas bonitas… Y ese día llegó el frijol negro al plato de arroz. Pero frijol feliz J
Viendo la gente de ahí en las calles, en la playa, en el ónibus (camión), en las paradas, en tiendas, sólo viéndolos, descubrí una incógnita que tenía desde que pasé la pubertad:
¡¡?Cómo le hacen los albañiles para inventar tanta porquería de piropos?!?!
…..
…………..
……………………. Se le llama “estado de shock”.
De por sí los brasileiros es gente bonita a comparación de los mexicanos…no me desterren, seamos realistas, los mexicanos son feos (………..egos y corazones rotos) pero el sur es otro mundo. Y esto es debido a la gran influencia de Europa, sobretodo de Alemania: los nombres, la infraestructura de la ciudad, la disciplina de la gente, el orden, limpieza, organización, seguridad y claro, los colores de las personas, casi puros blanquitos – amarillitos, pero con cuerpo de brasileños y sabor tropical… Fui como albañil por 4 días; de haber tenido un papel y una pluma a la mano, pude haber escrito un libro titulado “De piropos albañileros, frases vaquetonas y cosas peores”.
Florianópolis, cariñosamente llamada Floripa, es una ciudad muy avanzada y “muito chicke!” (muy chic) con mucho movimiento, vida y mucha diversión. Al venir a Brasil es un must visitar esta ciudad, además que casi todo mundo entiende un poco mejor el español por la gran cantidad de argentinos que viven y/o visitan, por la cercanía que hay (y ya que yo hablo muy bien el “argentino” “chileno” o “peruano” o en su defecto el “mexicano”, pues no tuve problemas).
Nos quedamos el 1er día en una playa llamada Porto Belo donde mi tía Mara nos prestó su departamento donde llegamos 5 mujeres, ya que los 5 hombres – los únicos brasileños – se fueron a una boda de alguien de Aiesec Floripa y nos quedamos las trainees en una girl´s night, cocinando, platicando en inglés/español/portugués/algoparecido/babel; oyendo música francesa, tomando vino tinto brasileño. Mucho aprendizaje y muy necesario; a veces se extraña una noche calmada solo para sofocar (chismear) entre mujeres. Al otro día, la familia de mi tía (abuelos de mis primos brasileños) nos hicieron una comida espectacular y luego, cuando llegaron los meninos (niños/morros/chavos) de la boda, como buenos wedding crashers que fueron, llegaron crudos, cansados y muy bailados y nosotras listas para la fiesta. Nos fuimos a Floripa, que estaba a una hora; conocimos al comité local de AIESEC de ahí, y estando en el bar nosotros 10, con los de allá y unos amigos de Samantha de Francia, formamos una mesa de más de 20 personas con 10 nacionalidades distintas: Brasil, Francia, Colombia, Perú, Australia, Holanda, Martinique, Canadá, Marruecos y claro, México muy bien representado por mí. Una mesa y simultáneamente 4 idiomas o 1 sola que se estuvo creando ahí. Son esos detalles que nunca se te olvidan. Y como estábamos en Brasil, pues de ahí nos fuimos a bailar forró, y los extranjeros bailábamos algo parecido. Copiar si sirve.
El siguiente día, después de tomar el sol en la playa, tratar de nadar en las olas gigantes (peligro de los bikinis y alegría de los hombres), recreación visual, comer camarones (con cabeza!), nos fuimos a unas dunas-casi-montañas de arena hacer sand boarding. Casi llego a los 15 metros sin caerme… tuve como 10 caídas de 8 veces que intenté. Claro que fui la peor de los 5 que fuimos, pero me divertí como enana, empanizada, pero enana divertida. Inolvidable como cuando me aventé de la tirolesa en Tapalpa. Es cuestión de tirar el miedo de lado, tomar la desición de “lo voy a hacer”, pagar y después, ya recuperado el miedo otra vez, pero ya pagado, aventarte.
En general fue un viaje padrísimo, bacano, super fregón, awesome, chévere, legal, ótimo, frescazo, cool… de la óptica que se vea, valió la pena… y lo tenía que contar (y presumir) porque fue un viaje bastante largo y aprendí mucho. Las pequeñas cosas sorprenden más… como perder el miedo a aventarse, parada sobre una tabla, desde lo alto de una montaña de arena; romper tu límite de negrura; hablar idiomas diferentes y reírse de lo mismo; ser copiloto por 12 horas sin parar u oírte a ti mismo hablar otro idioma que ni te sale…eso hace un buen viaje (pero el de Guanajuato-San Miguel Allende sigue siendo el mejor viaje de la vida, no Kossio?). I love Floripa, I love Aiesec, I love Brasil.
NOTA: La retroalimentación cultural, social y visual que he tenido en Sao Jose, Sao Paulo, Río de Janeiro, Florianópolis, Vitória y Campos de Jordao, la podrán encontrar en cualquier puesto de revistas de su localidad, en mi libro titulado (casi plagio de Catón):
“De piropos albañileros, frases vaquetonas y cosas peores”
…………..ilustrado
………………………y a color.
Es bueno que el mundo salga de su mundo de vez en cuando.
Me encantaría que saborearan las diversas razas que conviven en un país y todos se dicen brasileiros: negros, indígenas, europeos y claro, mezcla de todos estos… hay de todo un poco; de todo mucho. Tan solo caminar por el centro de una ciudad como Sao José dos Campos, por la Avenida Paulista de Sao Paulo (como Mazaryk, Reforma o Insurgentes del DF, osea, la más importante), por el malecón de Río de Janeiro o por la calle más pequeña de un pueblito, se ven miles y miles de combinaciones, gente de todos colores, sabores, estaturas y religiones… sí, religiones. Brasil es un pueblo muy religioso. Es muy interesante ver como hay iglesias en cada esquina, desde las religiones conocidas hasta ese tipo de iglesias estilo “Vamos oh! Hermanos! Paguen el diezmo a cambio de su milagrito” o “ponga su petición en el copón de los milagros, y su vida cambiará…..$5 Reais (en letritas)”… además que un 35% a 40% de las personas que veas al día, van a traer puestas una camiseta que diga algo de Dios, Jesús, María u otro variado personaje bíblico… entonces el caminar a tu trabajo o solo pasear se vuelve una tortura visual porque cada 3 segundos que ves esa publicidad, te sientes como un pecador.
Además de eso, hay una impresionante invasión de japoneses; así que súmenle la variedad cultural…es hermoso, y lo más curioso es que casi no hay influencia portuguesa, sino más que nada, africana y propia de la mixtura cultural. Encuentras mucho de África en el casi todo brasileño: bailes, costumbres, comida, tradiciones, etc. pero depende mucho de la región donde estés, Brasil es un poco grande. Por ejemplo, en el puente del 1ero de mayo, después de 1 mes de organización, juntar el equipo de 10 personas y 12 horas de camino en 2 carros, logramos irnos a Florianópolis. Esta ciudad es en el Estado de Santa Catarina, osea, al sur, sur, sur del país…y del continente. Estar al sur de Brasil es como estar en una combinación de Argentina y Europa,; es la región donde salen la mayoría de las top models, y tiene fama internacional de que es región de personas bonitas… Y ese día llegó el frijol negro al plato de arroz. Pero frijol feliz J
Viendo la gente de ahí en las calles, en la playa, en el ónibus (camión), en las paradas, en tiendas, sólo viéndolos, descubrí una incógnita que tenía desde que pasé la pubertad:
¡¡?Cómo le hacen los albañiles para inventar tanta porquería de piropos?!?!
…..
…………..
……………………. Se le llama “estado de shock”.
De por sí los brasileiros es gente bonita a comparación de los mexicanos…no me desterren, seamos realistas, los mexicanos son feos (………..egos y corazones rotos) pero el sur es otro mundo. Y esto es debido a la gran influencia de Europa, sobretodo de Alemania: los nombres, la infraestructura de la ciudad, la disciplina de la gente, el orden, limpieza, organización, seguridad y claro, los colores de las personas, casi puros blanquitos – amarillitos, pero con cuerpo de brasileños y sabor tropical… Fui como albañil por 4 días; de haber tenido un papel y una pluma a la mano, pude haber escrito un libro titulado “De piropos albañileros, frases vaquetonas y cosas peores”.
Florianópolis, cariñosamente llamada Floripa, es una ciudad muy avanzada y “muito chicke!” (muy chic) con mucho movimiento, vida y mucha diversión. Al venir a Brasil es un must visitar esta ciudad, además que casi todo mundo entiende un poco mejor el español por la gran cantidad de argentinos que viven y/o visitan, por la cercanía que hay (y ya que yo hablo muy bien el “argentino” “chileno” o “peruano” o en su defecto el “mexicano”, pues no tuve problemas).
Nos quedamos el 1er día en una playa llamada Porto Belo donde mi tía Mara nos prestó su departamento donde llegamos 5 mujeres, ya que los 5 hombres – los únicos brasileños – se fueron a una boda de alguien de Aiesec Floripa y nos quedamos las trainees en una girl´s night, cocinando, platicando en inglés/español/portugués/algoparecido/babel; oyendo música francesa, tomando vino tinto brasileño. Mucho aprendizaje y muy necesario; a veces se extraña una noche calmada solo para sofocar (chismear) entre mujeres. Al otro día, la familia de mi tía (abuelos de mis primos brasileños) nos hicieron una comida espectacular y luego, cuando llegaron los meninos (niños/morros/chavos) de la boda, como buenos wedding crashers que fueron, llegaron crudos, cansados y muy bailados y nosotras listas para la fiesta. Nos fuimos a Floripa, que estaba a una hora; conocimos al comité local de AIESEC de ahí, y estando en el bar nosotros 10, con los de allá y unos amigos de Samantha de Francia, formamos una mesa de más de 20 personas con 10 nacionalidades distintas: Brasil, Francia, Colombia, Perú, Australia, Holanda, Martinique, Canadá, Marruecos y claro, México muy bien representado por mí. Una mesa y simultáneamente 4 idiomas o 1 sola que se estuvo creando ahí. Son esos detalles que nunca se te olvidan. Y como estábamos en Brasil, pues de ahí nos fuimos a bailar forró, y los extranjeros bailábamos algo parecido. Copiar si sirve.
El siguiente día, después de tomar el sol en la playa, tratar de nadar en las olas gigantes (peligro de los bikinis y alegría de los hombres), recreación visual, comer camarones (con cabeza!), nos fuimos a unas dunas-casi-montañas de arena hacer sand boarding. Casi llego a los 15 metros sin caerme… tuve como 10 caídas de 8 veces que intenté. Claro que fui la peor de los 5 que fuimos, pero me divertí como enana, empanizada, pero enana divertida. Inolvidable como cuando me aventé de la tirolesa en Tapalpa. Es cuestión de tirar el miedo de lado, tomar la desición de “lo voy a hacer”, pagar y después, ya recuperado el miedo otra vez, pero ya pagado, aventarte.
En general fue un viaje padrísimo, bacano, super fregón, awesome, chévere, legal, ótimo, frescazo, cool… de la óptica que se vea, valió la pena… y lo tenía que contar (y presumir) porque fue un viaje bastante largo y aprendí mucho. Las pequeñas cosas sorprenden más… como perder el miedo a aventarse, parada sobre una tabla, desde lo alto de una montaña de arena; romper tu límite de negrura; hablar idiomas diferentes y reírse de lo mismo; ser copiloto por 12 horas sin parar u oírte a ti mismo hablar otro idioma que ni te sale…eso hace un buen viaje (pero el de Guanajuato-San Miguel Allende sigue siendo el mejor viaje de la vida, no Kossio?). I love Floripa, I love Aiesec, I love Brasil.
NOTA: La retroalimentación cultural, social y visual que he tenido en Sao Jose, Sao Paulo, Río de Janeiro, Florianópolis, Vitória y Campos de Jordao, la podrán encontrar en cualquier puesto de revistas de su localidad, en mi libro titulado (casi plagio de Catón):
“De piropos albañileros, frases vaquetonas y cosas peores”
…………..ilustrado
………………………y a color.
Es bueno que el mundo salga de su mundo de vez en cuando.