
3 semanas mexicanas... ya 3 semanas que pisé tierras desérticas en el árido y caluroso Hermosillo...sí, es "otoño" y hace un calorón de 40 grados todavía.
El texto pasado no terminé de contar las bean-aventuras, ya que era un texto viejo que escribí durante el viaje de dos semanas por lugares increíbles, pero al llegar a México no quería escribir, pues el escribir era el resignarme a aceptar que ya había llegado y que comenzaba algo que no deseaba mucho que llegase...total, hace aprox. 4 semanas estaba en Perú, subiendo las miles de escaleras para Machu Picchu.
La aventura andina-inkaica comenzó el 18 de octubre donde aterricé en Lima, Perú y descubrí una ciudad que, la verdad, es solo una ciudad... por eso, me fui 5 días a Cusco "el ombligo del mundo" donde descubrí un mundo totalmente diferente: la mezcla de culturas (inca, española, y la moderna: turismo exagerado). Ahí, el frijol mexincaico caminó por las callecitas de piedra, subió y bajó escaleritas, compró el famoso gorrito peruano, vió muchas llamas y alpacas, comió ají de gallina y todo con ají (por eso de las "saudades"), se tomó 4000 fotos, recorrió sitios arqueológicos incas, el Valle Sagrado de los Incas, las hermosas iglesias (donde cobran por entrar, bueno...cobran por todo), tomó chincha morada, comió maíz gigante, masticó hojas de coca, bebió té de coca y compró muchos productos de hoja de coca...hasta traje una bolsita de hojas ilegalmente que llegaron a bocas mexicanas (un saborcito de mi experiencia), tomó mucha Inka Kola "el refresco del Perú!", comió ceviche y observó el arraigo tan fuerte de los peruanos a sus tradiciones y cultura... frijol peruano con sabor a charro.
Un día memorable, el 22 de octubre, el frijol, a las 5:30 am comenzó a subir escalera por escalera a la ciudad perdida... a Machu Picchu... horas y horas de sudor, de bofeo, de mareo, en medio de la imponente Cordillera de los Andes..."parece que falta media hora ya nomás"... y una hora después: "parece que ahora sí ya nomás falta media hora"...y así sucedió por varias varias veces... Hasta que llegamos.
Semi muerta, roja, sudada, sin aire y sin sudor interno (ya todo estaba goteando) llegamos a la cima de Machu Picchu...check in... subir más escaleritas...parece que ya se ve una casita...algo se ve... ya veo unas piedritas...parece que.. A LA MADREEE!!!!! NO MANCHEEES!! ......... - ahí, este frijol se quedó sin palabras ante la majestuosa (esa es la palabra: Majestuosa) Ciudad Perdida de los Incas: ya estaba frente a la famosa postal de Machu Picchu.
Hasta el momento, no puedo describir que es estar ahí dentro, recorriendo la ciudad de piedra, pensando en todos aquellos que pisaron esa tierra y que construyeron esa ciudad tan suya, como si fuera un secreto sentimiento tan íntimo que se esconde en el rincón mas recóndito del corazón, así es Machu Picchu; sentí envidia de los peruanos por tener tal belleza arquitectónica en medio de los Andes... me sentí un poquito mas cerca del cielo, porque caminas entre nubes y entre el legado de aquellos que sabían poner el alma en cada roca... me sentí orgullosa de latinoamérica.
No quiero entrar mucho en detalles porque de por si, suelo escribir bastante, pero tengo que contar la travesía de regreso, ya que la ida fue fácil: tren de Ollantaytambo a AguasCalientes en tren, pero como uno no viaja de rica, pues el regreso fue el sacrificio... por eso lo contaré por números mi grandioso Lunes 22 de octubre:
1. subir Machu Picchu a pie, por 2 horas (montaña andina + altura: cómo matar a un gordito)
2. recorrer Machu Picchu: subir y bajar escaleritas...muchas!
3. bajar Machu Picchu a paso más que veloz.. a paso de verdadero peruanito inca, ya que tenía que recoger la mochila del hostal a las 2 de la tarde.
4. Dos de la tarde: comenzar a caminar de AguasCalientes hacia la estación de la Hidroeléctrica (pueblito de 5 casas y ovio, una hidroeléctrica)...caminar, caminar, caminar...caminar por 2 horas más sobre las vías del tren (y tener cuidado de él, cuan mojado fronterizo) con hambre, pies explosivos, sed y solo una pequeñisima corriente de energía disponible.
5. Seguir caminando sobre las vías del tren... en medio de los Andes... a pie... cruzando el río Urubamba...con solo una mochila... con hambre... en medio de toda la gama de verdes... INOLVIDABLE... además, encontrarte con otros 2 trainees de AIESEC por mera coincidencia, que venían de Venezuela...INCREÍBLE. Creo que ya tengo una buena historia que contar a mis hijos.
6. Llegar a la Hidro y conseguir raite...suplicar por raite.
7. Conseguir raite con unas personas que viven por un pueblito cercano, en un tsurito blanco, entre terracería seguida de barranco, apretados, cansados, pero muy agradecidos, hasta que nos bajamos en Santa Teresa, otro pueblito de 4 calles.
8. Esperar en Santa Teresa la combi que nos dejaría en Santa María, otro pueblito de 5 calles; pero comer una carnita de algún animal después de días sin comer solo pan y maruchan y que costaba solo 1 sol, más increíble.
8. Llega la combi que nos llevaría a Santa María entre personas locales con dialecto quechua después de 1 hora de estar sentados en la calle con nuestras mochilas...y nos dirigimos a Santa María, ya que, según nos dijeron otros mochileros, ahí se toma el camión de regreso a Cusco.
9. Llegamos a Santa María, pueblito donde tienen solo un teléfono para todos y esperamos sentados en un abarrotes por 3 horas... ahora sí, en medio de la nada... lo divertido era que le hablaran a alguien del pueblo porque por un altavoz le llamaban "Le hablan a Maria Lopez, su prima"; ahí seguíamos muertos de hambre ya que traíamos dinero exacto para el resto de los días, así que a comer más pan que traíamos, esperar el camión de las 8:30pm (que llegó a las 10) , ver la tele en la tiendita, sin nada de ruido, frío, algo más que agotados y adoloridos...eramos toda una postal pueblerina.
10. Hasta que llegó el camión que, en 8 horas, nos llevaría a Cusco, recorriendo las carreteras del diablo en medio de las montañas, y el chofer todavía enfatizaba las curvas a toda velocidad en un camión que, apuesto, era de los años 60´s. Lo bueno es que ya no caminabamos, yo creí por un momento que el dolor en mis pies me duraría toda la vida...solo duró 1 semana.
Eso fue...en 10 pasos relaté mi aventurero regreso a Cusco, donde me quedé 2 días más para seguir descubriendo más a fondo el ombligo del mundo. Un jueves 25 regresé a Lima y un jueves 25 volé a México...adiós Sudamérica, ya te estoy extrañando.
Si bien, mi Brasil no se me arranca del corazón ni un poco todavía, mis aventuras peruanas y argentinas sirvieron mucho para no sentir ese "shock" de llegar nuevamente a casa, a lo tuyo y descubrir que te sientes como extranjera en tu idioma y en tu entorno. El frijol mexicano-extranjero llegó a Hermosillo a las 10 am (3pm Brasil, 12pm DF)... llegué cuando vi por la ventanilla del avión aquellos colores acres y terracotas de mi bello desierto sonorense (ningún verde a la vista) y cuando abrieron la puerta del avión...pppffff.... te invade un calorón que solo te dice gritar (como buen hermosillense, cada verano): "A LA MAAADREE, QUE CALORÓOON...Haayy Sudamérica, ya te estoy extrañando!!"
El texto pasado no terminé de contar las bean-aventuras, ya que era un texto viejo que escribí durante el viaje de dos semanas por lugares increíbles, pero al llegar a México no quería escribir, pues el escribir era el resignarme a aceptar que ya había llegado y que comenzaba algo que no deseaba mucho que llegase...total, hace aprox. 4 semanas estaba en Perú, subiendo las miles de escaleras para Machu Picchu.
La aventura andina-inkaica comenzó el 18 de octubre donde aterricé en Lima, Perú y descubrí una ciudad que, la verdad, es solo una ciudad... por eso, me fui 5 días a Cusco "el ombligo del mundo" donde descubrí un mundo totalmente diferente: la mezcla de culturas (inca, española, y la moderna: turismo exagerado). Ahí, el frijol mexincaico caminó por las callecitas de piedra, subió y bajó escaleritas, compró el famoso gorrito peruano, vió muchas llamas y alpacas, comió ají de gallina y todo con ají (por eso de las "saudades"), se tomó 4000 fotos, recorrió sitios arqueológicos incas, el Valle Sagrado de los Incas, las hermosas iglesias (donde cobran por entrar, bueno...cobran por todo), tomó chincha morada, comió maíz gigante, masticó hojas de coca, bebió té de coca y compró muchos productos de hoja de coca...hasta traje una bolsita de hojas ilegalmente que llegaron a bocas mexicanas (un saborcito de mi experiencia), tomó mucha Inka Kola "el refresco del Perú!", comió ceviche y observó el arraigo tan fuerte de los peruanos a sus tradiciones y cultura... frijol peruano con sabor a charro.
Un día memorable, el 22 de octubre, el frijol, a las 5:30 am comenzó a subir escalera por escalera a la ciudad perdida... a Machu Picchu... horas y horas de sudor, de bofeo, de mareo, en medio de la imponente Cordillera de los Andes..."parece que falta media hora ya nomás"... y una hora después: "parece que ahora sí ya nomás falta media hora"...y así sucedió por varias varias veces... Hasta que llegamos.
Semi muerta, roja, sudada, sin aire y sin sudor interno (ya todo estaba goteando) llegamos a la cima de Machu Picchu...check in... subir más escaleritas...parece que ya se ve una casita...algo se ve... ya veo unas piedritas...parece que.. A LA MADREEE!!!!! NO MANCHEEES!! ......... - ahí, este frijol se quedó sin palabras ante la majestuosa (esa es la palabra: Majestuosa) Ciudad Perdida de los Incas: ya estaba frente a la famosa postal de Machu Picchu.
Hasta el momento, no puedo describir que es estar ahí dentro, recorriendo la ciudad de piedra, pensando en todos aquellos que pisaron esa tierra y que construyeron esa ciudad tan suya, como si fuera un secreto sentimiento tan íntimo que se esconde en el rincón mas recóndito del corazón, así es Machu Picchu; sentí envidia de los peruanos por tener tal belleza arquitectónica en medio de los Andes... me sentí un poquito mas cerca del cielo, porque caminas entre nubes y entre el legado de aquellos que sabían poner el alma en cada roca... me sentí orgullosa de latinoamérica.
No quiero entrar mucho en detalles porque de por si, suelo escribir bastante, pero tengo que contar la travesía de regreso, ya que la ida fue fácil: tren de Ollantaytambo a AguasCalientes en tren, pero como uno no viaja de rica, pues el regreso fue el sacrificio... por eso lo contaré por números mi grandioso Lunes 22 de octubre:
1. subir Machu Picchu a pie, por 2 horas (montaña andina + altura: cómo matar a un gordito)
2. recorrer Machu Picchu: subir y bajar escaleritas...muchas!
3. bajar Machu Picchu a paso más que veloz.. a paso de verdadero peruanito inca, ya que tenía que recoger la mochila del hostal a las 2 de la tarde.
4. Dos de la tarde: comenzar a caminar de AguasCalientes hacia la estación de la Hidroeléctrica (pueblito de 5 casas y ovio, una hidroeléctrica)...caminar, caminar, caminar...caminar por 2 horas más sobre las vías del tren (y tener cuidado de él, cuan mojado fronterizo) con hambre, pies explosivos, sed y solo una pequeñisima corriente de energía disponible.
5. Seguir caminando sobre las vías del tren... en medio de los Andes... a pie... cruzando el río Urubamba...con solo una mochila... con hambre... en medio de toda la gama de verdes... INOLVIDABLE... además, encontrarte con otros 2 trainees de AIESEC por mera coincidencia, que venían de Venezuela...INCREÍBLE. Creo que ya tengo una buena historia que contar a mis hijos.
6. Llegar a la Hidro y conseguir raite...suplicar por raite.
7. Conseguir raite con unas personas que viven por un pueblito cercano, en un tsurito blanco, entre terracería seguida de barranco, apretados, cansados, pero muy agradecidos, hasta que nos bajamos en Santa Teresa, otro pueblito de 4 calles.
8. Esperar en Santa Teresa la combi que nos dejaría en Santa María, otro pueblito de 5 calles; pero comer una carnita de algún animal después de días sin comer solo pan y maruchan y que costaba solo 1 sol, más increíble.
8. Llega la combi que nos llevaría a Santa María entre personas locales con dialecto quechua después de 1 hora de estar sentados en la calle con nuestras mochilas...y nos dirigimos a Santa María, ya que, según nos dijeron otros mochileros, ahí se toma el camión de regreso a Cusco.
9. Llegamos a Santa María, pueblito donde tienen solo un teléfono para todos y esperamos sentados en un abarrotes por 3 horas... ahora sí, en medio de la nada... lo divertido era que le hablaran a alguien del pueblo porque por un altavoz le llamaban "Le hablan a Maria Lopez, su prima"; ahí seguíamos muertos de hambre ya que traíamos dinero exacto para el resto de los días, así que a comer más pan que traíamos, esperar el camión de las 8:30pm (que llegó a las 10) , ver la tele en la tiendita, sin nada de ruido, frío, algo más que agotados y adoloridos...eramos toda una postal pueblerina.
10. Hasta que llegó el camión que, en 8 horas, nos llevaría a Cusco, recorriendo las carreteras del diablo en medio de las montañas, y el chofer todavía enfatizaba las curvas a toda velocidad en un camión que, apuesto, era de los años 60´s. Lo bueno es que ya no caminabamos, yo creí por un momento que el dolor en mis pies me duraría toda la vida...solo duró 1 semana.
Eso fue...en 10 pasos relaté mi aventurero regreso a Cusco, donde me quedé 2 días más para seguir descubriendo más a fondo el ombligo del mundo. Un jueves 25 regresé a Lima y un jueves 25 volé a México...adiós Sudamérica, ya te estoy extrañando.
Si bien, mi Brasil no se me arranca del corazón ni un poco todavía, mis aventuras peruanas y argentinas sirvieron mucho para no sentir ese "shock" de llegar nuevamente a casa, a lo tuyo y descubrir que te sientes como extranjera en tu idioma y en tu entorno. El frijol mexicano-extranjero llegó a Hermosillo a las 10 am (3pm Brasil, 12pm DF)... llegué cuando vi por la ventanilla del avión aquellos colores acres y terracotas de mi bello desierto sonorense (ningún verde a la vista) y cuando abrieron la puerta del avión...pppffff.... te invade un calorón que solo te dice gritar (como buen hermosillense, cada verano): "A LA MAAADREE, QUE CALORÓOON...Haayy Sudamérica, ya te estoy extrañando!!"
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