viernes, 25 de octubre de 2013

3 meses camboyanos de un frijol arrocero.


Vi una frase en una película donde un padre le dice desesperadamente a su hijo algo así como: “ya sé que estoy lo has oído un millón de veces y es cliché pero sí, LA VIDA ES DEMASIADO CORTA!!”.  

Mucha gente cree que cuando uno hace locuras, es por el simple gusto de hacerlas. Las locuras requieren esfuerzo y planeación. Las locuras no solamente aparecen un día en la neurona medio desviada y al cuerpo se le da por decidir cosas que antes no se imaginaba. No. Las locuras también nacen, se desarrollan y crecen, pero no mueren, hasta haberse realizado. La locura se alimenta.

Algunas veces, el punto de quiebre es cuando se te rompen los planes, se disuelve el futuro y te quedas con una maleta lista en medio de un camino desierto, preguntándote aún qué pasó, cuando el correcaminos ya te dejó atrás. Cuando uno se recarga en otra persona, es como pintar ideales con acuarela. Simplemente no sabes cuándo va a llover. Una vez me quedé así, hace algunos años, y en el intento de descubrir hacia donde se fue el correcaminos me ha traído solita a Camboya.

Descubrí que yo ya no esperaba que la vida me sorprenda,  sino que yo misma me creo las sorpresas y las busco…y claro, me sorprendo. Hoy me imaginé cierta situación en mi cabeza y pensé “estaría padrísimo”, pero sin ninguna chispa de esperanza, dentro de mí ya había muerto –aún sin nacer- la esperanza de que “eso padrísimo” me pasara…y hay situaciones que, si las creas tú, ya no son sorpresas, por lo que se los dejas a otra persona. Yo ya no creía en que la vida te sorprenda – menos otra gente – sino que los pequeños placeres de la vida los disfrutaba porque yo los había buscado. Así buscando, me ha llevado a varios lugares exóticos o ciudades simplemente diferentes, con personas divertidísimas y otras no tanto, pero siempre busqué al correcaminos que alguna vez se me escapó. Primero uno pensaría que el correcaminos es una persona, una amistad, un novio, un viejo amor…después, un día cualquiera en un camión de 15 horas de Mui Né a Da Lat, Vietnam, me llegó una cosa que no alcanzaba a comprender… ya lo sabía, pero no lo había interiorizado y comprendido: el correcaminos soy yo.

Descubrí este mal hábito hace años y entendí que esta locura de cruzar el mundo fue porque me cansé inconscientemente de perseguir el correcaminos, esperando la sorpresa de encontrarlo, pero sin esperanza. Decidí que ya quería mejor buscar mis sorpresas propias, seguir mi camino…y… porqué no! Tal vez creer que la vida sí puede sorprenderte por sí sola. Empaqué mis cosas y volé. Ahora solamente por mí y con la esperanza de crecer en esperanzas en la vida misma.

Confuso, pero si lo re-lees de nuevo o has pasado por alguna etapa similar, sabrás de lo que hablo.

Llegué a Camboya con el sol en la maleta, como diría la cantante Rossana; mucha luz y mucho fuego empacados en el mismo lugar, no sabía que esperar, por lo que me mentalicé en no esperar nada. Es difícil… es como poner la mente en blanco sin pensar en el color blanco, sino sólo no pensar en nada; se requiere de una gran capacidad mental. Así la espera, estamos programados a esperar siempre algo a cambio, aunque digamos que alcanzamos a amar desinteresadamente, siempre habrá un motivo oculto, tan perverso como es el esperar a ser amado de regreso por esa persona amada.

Los primeros días fueron difíciles mentalmente, ya que mi mente aún quería funcionar con el estrés y rapidez de vida como en la Ciudad de México; me estresaba aún desde los meses previos a mi viaje porque no iba a hacer algo remunerado; me estresaba que iba a engordar con tanto noodle y arroz; me estresaba que por alguna razón me quedaría sin dinero mendigando en las esquinas para “juntar pa´mi boleto de regreso pa´México”; me estresaba que mi mal carácter y mi personalidad “de la shingada” me impedirían a conocer gente y hacer nuevos amigos que me estimaran; me estresaba usar la palabra estrés; me estresaba que casi no puedo andar en bicicleta por mis rodillas que truenan más que juegos pirotécnicos en plena feria de pueblo; me estresaba que en todos lados descubrieran que soy una fracaso de persona o un proyecto mal acabado que no era capaz de seguir las convencionalidades de la sociedad mexicana y sonorense; me estresaba pensar que al regresar a México iba a ser de esas personas locas que nadie quiere contratar y me quedaría juntando gatos de la calle y llamándolos “José Ramón”, “Manuelón” y “María Casta”, viviendo con mis papás y ellos rezarían para que a mis 46 años, encontrara el amor para que me salga de la casa… Como ven, me estresaba al extremo y hacía películas en mi cabeza y estas me estresaban porque tenía un dejo de verdad; y quienes tienen cabezas trastornadas como la mía, sabrán que así funciona la cabeza de un psicópata que se niega a ser psicópata.

Pues hace 3 meses llegué a Cambodia, nunca me imaginé vivir en Cambodia… mis sueños se canalizaban más en África… es más, nunca creí que sería un frijol mexasiático. Pero heme aquí, el frijol queriendo ser arroz.

Pasé por China donde me enfrenté a comunicarme con señas porque nadie hablaba inglés y comí muy rico aunque fuera comida de hotel de aeropuerto. Solamente fui a un templo taoísta donde me tomé 400 fotos con todos los colores de restaurante chino pero en bonito. Había un grupo de niños que se me quedaban viendo y apuntando por no verme asiática…supongo… o el pelo corto tal vez? En fin, nunca supe los nombres de lo que comí, pero eso de comer sopa de noodles y arroz a primera hora de la mañana, ya se cuenta como shock cultural.

Los viajeros experimentados dicen que acostumbrarse a una nueva cultura conlleva varias etapas: la luna de miel, el decaimiento, la negociación y finalmente, el vivir casi como local, sobrellevando lo bueno y malo del país y su gente, tomándolo como cuestiones del hogar. Yo me ubico entre la primera y segunda de estas etapas, como lunamielera resongona, este frijol ha disfrutado todo, hasta caminar con los pies enlodados o sin zapatos por cualquier lugar, quitar los bichitos de la comida (usualmente hormigas que se ahogan en el caldo) y a pesar del reverendo malestar estomacal que me ha invadido en la segunda semana, he probado de todo, para después casi lamentarlo… al parecer, con el tiempo, mi estómago aprendió.

Siem Reap es una ciudad pequeña del tamaño de Magdalena, Sonora (osea, muuuy pequeña) y la organización queda dentro de un templo budista y llevada por los monjes. Por templo me refiero a un terreno grande con casitas pequeñitas de un cuarto que son los cuartos de los monjes, un laguito, tumbas grandísimas labradas en piedra con colores fuertes y dorados predominantes, el edificio de Life and Hope Association, la ONG donde soy voluntaria, la escuela de inglés y la escuela de costura (ambos proyectos de la ong) además dos centros de oración donde todo mundo se sienta en el piso, frente a un Buddha gigante con luces de neón (les encantan las luces de neon aquí) y fotos de aquellos líderes budistas que han alcanzado la iluminación, ser una persona perfecta. Todos los días rezan con cánticos en sánscrito, pali o la lengua local, que es el khmer y dicho cánticos son las enseñanzas del Buddha. Se sientan en el suelo, los monjes (desde los de 7años a los viejitos) en sus túnicas anaranjadas o a veces rojas-vino, las monjas que también están pelonas, vestidas de blanco, casi todas bien viejitas sin dientes. Son las sonrisas más puras y preciosas que he visto; pareciera un requisito que para ser monja budista, tienes que tener más de 90 años, ser pelona, tener el rostro más lindo y puro jamás visto y, MUY IMPORTANTE! No tener dientes. Los monjes siempre se están riendo y las monjas sonriendo enormemente, te inspiran paz, inocencia y sabiduría... muchos no hablan inglés o apenas lo están estudiando, también aprenden chino, francés, Thai u algún otro idioma que quieran. Van a la escuela y otros a universidades (el director de la ONG es un monje que se fue becado a su maestría a Harvard y va llegando). Ser monje es una oportunidad de aprender para muchos, así que si quieren y si lo permiten los papás, se puede comenzar a ser monjecito desde los 7años. Ellos no pueden sobrevivir sin la ayuda de la comunidad ya que dependen del pueblo para su desayuno y almuerzo (que es a las 11:30 am y ya o vuelven a comer en todo el día)…aah! Pero eso sí, no puede faltar el  Red Bull con Coca Cola de todas las tardes. Los camboyanos enteros son fans del Red Bull y se toman mínimo una lata cada día. Los monjes se ríen cuando les digo que es una bebida peligrosa y se la siguen sorbiendo con singular alegría. 

 

Las tardes completas las paso en LHA, la ONG donde trabajo. Con un ambiente de relax, de alegría con todos los estudiantes de inglés, siempre con un "jelooo ticheeer!" o en Khmer "suesadaaay ticheeeer" (hola teacher) seguido por un "soksavaaay?" y les respondo con "soksavay dai" (how are you- im very good!". Además que todos los gatitos pobres terminan en los templos donde los monjes los cuidan. Hay muchísimos. Soy una mujer feliz cuando los 4 gatitos (1 Qepd) me ven como "una de mis mamás que me da comida" y me buscan. Preciosos.

                                                                             

Obvio estoy rodeada de monjes y voluntarios, los monjes con los que más me llevo son los encargados de la escuela de inglés, Venerable Rong y Venerable Rem, ambos de 26-28 años, muy chistosos, siempre riéndose, hablando un inglés mocho pero que se entiende, siempre con su Red Bull y con una inocencia y paz que se transmite con sus risas. Puedo bromear con ellos pero no tocarlos. Rong siempre me saluda como si la fuera a chocar con la mano y luego la quita, así como le hacíamos cuando éramos chiquitos. Él siempre me dice que me veo cansada, gorda, bonita, o muy bonita, depediendo del día; osea, sin filtros pero con un corazón bien puro.

 

Mis alumnas de la escuela de costura son las más queridas, están en sus 20s, vienen de ambientes muy pobres y se les enseña un oficio por 10 meses donde se les provee de casa y comida, pero todo el día trabajan en la costura. La meta es que aprendan un inglés básico, pero muchas no saben ni su propio idioma al escribirlo, lo cual enseñar “abc” y “123” es un reto. El estilo de educación al que están acostumbrados todos los camboyanos es de un maestro que grita, golpea, súper estricto y ellos obedecen. Introducir actividades donde el estudiante tenga que participar, reír y pensar con su propia cabeza les resulta difícil. Si a una niña le pregunto "what's your name?" y me responde "my name is Saurin" el resto de las muchachas me responden que se llaman Saurin, le tienen pánico a equivocarse o no saber, así que entre ellas "se ayudan". Pero se ven pequeños avances con algunas que ya están aprendiendo el past tense y a responder con las cosas que a ellas les gustan. Ayer a una alumna al preguntarle "what did you do at your village?" me respondió "I cooked my village!" luego recapacitó al ver que nos moríamos de la risa y dibujé una olla gigante en el fuego con personitas adentro y me dice atacada de la risa: "nooo tiiicher, i cooked with my mother at the village!"; ella es extrovertida, tierna, cariñosa y siempre está riéndose con una soltura como quien no teme nada ni espera nada de la vida. Su nombre es Saruey, y usa un prendedor (de los que van en la ropa o como los que te dan en la primer visita a Disneylandia) gigante en la cabeza. Linda.

 

También está Soley, quien es la traductora casi siempre pues sabe inglés y es muy competitiva. Siempre está estudiando computación, costura o inglés con mucha dedicación. Quiere dedicarse a ser diseñadora de ropa y maquillista, pero dice que sus papás no la van a dejar.

 

Saurin también sabe mucho inglés, se me figura un poco a Shakira, es bien linda e inocente, a ella la quisiera llevar conmigo para que vea el mundo, pues presiento que podría ser lo que ella quisiera, ser ejemplo de vida o dedicarse a algo chingón si tan solo se le diera la oportunidad. Se asombra de todo y no cree que está preciosa, es tan humilde y tan sencilla que no se da cuenta que ella tiene un toque especial como angelita.

 

Lo triste es que sabes que esas muchachas tienen sueños, ganas y  el potencial atrapado en condiciones de vida que solo serán madres y esposas sin voz, en un ciclo de pobreza que no acaba. Las profesiones van comenzando apenas a florecer y los pocos profesionistas que hay son hombres. El 90% de la gente vive en medios rurales y salir de ese ciclo es difícil en un país corrupto como pocos, pobre como muchos. Y me refiero a que México sería considerado primermundista a comparación (tomando en cuenta el tipo de pobreza de los 70 millones de mexicanos pobres…imagínense este país).

 

Las necesidades son sorprendentes, los servicios básicos de vida son inexistentes, las inundaciones y la sequía azotan cada año, las escuelas ofrecen educación más que precaria, ni las universidades están a la altura de una patito mexicana; la salud depende de las ramitas y pseudo-curadores y no hay noción de medidas de seguridad. Pero los niños son niños, sumidos en la pobreza pero siempre riéndose, jugando en las albercas gigantes que se convierten las "calles" y el agua sucia y chocolatosa se convierte en el mejor disneylandia de todos los tiempos... pero en vez de Mickey Mouse tienen a la rata ahogada. Aún las zonas más pobres, con casas estilo huts (chozas de madera y palmas construidas sobre pilotes) sin muebles, solo con algún utensilio para cocinar arroz, las redes contra mosquitos y basura, la gente sonríe con gran amabilidad, bailan en el lodo con sus familias, hacen pequeñas fiestas con bichos y sapos fritos, música y son felices. Viven en paz. Culpo alegremente a la religión. Los camboyanos son extremadamente felices a pesar de no tener nada. Un dólar da para una familia entera vivir una semana...pero sonríen con gran inocencia.

 

Volviendo al tema, otra de mis alumnas es Salom, no entiende inglés, es refunfuñona y quejumbrosa, pero con gran transparencia en su corazón, siempre me abraza y lloró cuando supo que ya terminaba mi voluntariado. La quiero bastante, me da los abrazos más genuinos que he sentido.

 

Parti es una muchachita delgadita, siempre con su flequito en la frente, siempre seriecita, muy bonita y sonriente, pero ella es muy insegura. En un ejercicio hizo unos enunciados que decían "yo le temo a mis papás" "mi papá es malo". Me quebró el corazón como una niña tan linda puede vivir en un ambiente (al igual que muchas de mis estudiantes de la escuela de costura) donde además de la pobreza, la violencia familiar -y a veces sexual-  es el pan de cada día. Y ellas siguen aferrándose a alguna esperanza, a alguna cosa graciosa, a sus compañeras, a sus maestras, a una sonrisa.

See tha es una muchachita de 19 años con una habilidad tremenda para dibujar y diseñar. Podría ser lo que ella quisiera, su don de dibujar es impresionante. Quiero tener esperanzas a que ella lo logrará. Tiene una sensibilidad de una Catarina y es muy trucha y dedicada. Lloró a escondidas cuando me despedí de ella y me dibujó llorando al decirles adiós. Al final puso “ I love teacher”. (y es aquí cuando ya se me quebraron las palabras y la voz seguramente, si estuviera hablando).

 

El resto de mis alumnas son preciosas también, son 26, pero estas que menciono son las más apegadas y las que conozco más. Una muchacha seriecita, que no entiende ni una palabra de inglés, que solamente toma notas, que se pone nerviosa cuando le toca participar, que nunca ha entendido ni una palabra de lo que la teacher Allin dice, la que siempre tiene una carita muy seria como enojada, me regaló una banda del pelo, con lágrimas en los ojos, me abrazó muy fuerte y me dijo algo en Khmer que sí entendí aunque no hablo Khmer; me dijo que mucha suerte en mi vida y que fui su mejor maestra. Channton lloró muchísimo y yo no sabía que me quería tanto.

 

 Srey (que significa señorita, pero muchas mujeres lo llevan por nombre también) es una muchacha de 32 años pero es pequeñitititita, como de la estatura de una niña de 5 años, pero no es enanita, solamente es demasiado pequeñita, solamente me decía cosas en Khmer y reverencias con las manos juntas (signo de saludo, adiós o agradecimiento) y entre risitas nerviosas con su voz de niña de 5 años no paraba de repetir “Au Kun Charang!” (Muchas gracias!).

 

Los voluntarios van y vienen, pero algunos se han convertido en grandes amistades que de verdad. Mi primer amigo fue un camboyano que no es voluntario, sino trabaja ahí llamado Lyhorn, tiene maestría en China pero sigue siendo muy inocente a pesar que tiene mi edad. Es muy noble y haría cualquier cosa para ayudar, hoy me agradeció diciendo que soy una de sus grandes amigas y que gracias a Laura y a mí, aprendió a nadar.

 

Los primeros voluntarios que conocí fueron Cecil de Irlanda y Laura de Inglaterra. Cecil es un señor retirado, quien fue maestro toda su vida e hizo grandes cambios en la escuela de inglés de LHA (mi ONG). Es muy inteligente, proactivo y presionó a los monjes a que hicieran las cosas en vez de tener miles de reuniones sin llegar a naa concreto. Empujó muchas reformas y siempre se estuvo riendo. Creo que era medio pelirrojo como buen irlandés, con un acento marcado de Irlanda dificilísimo de entender, pero ahora es blanco, blanco como la nieve y el pelo amarillo blancuzco. Pero cuando se ríe, se pone rojo como cerecita, se emociona y abre los ojos y la boca y espera inconscientemente como 5 segundos antes de soltar una tremenda carcajada, al tiempo que se golpea la rodilla. Laura y yo la llamamos “Cecil´s face”. Él es único, como papá-amigo de todos.

 

Laura tiene 25 años, está medio loca – como yo- se viste como hippie, piensa como hippie y ella no lo sabe porque no le gusta ser estereotipada, pero es una persona que desde el momento que nos dirigimos la palabra hicimos clic y literal, un minuto después de hablar ya estábamos riéndonos sarcásticamente. Ella no sabe cuánto vale y lo bonita que es y deja entrar a su vida a personas que no valen la pena. Sólo estuvo un mes aquí pero nos hicimos muy amigas, dábamos clase a las muchachas juntas y viajamos juntas a Phnom Kulen, Battambong y Ho Chi Minh, Vietnam. Vive en Alemania y de seguro nos vamos a encontrar de nuevo, porque descubrió que puede lograr ser feliz ella sola y viajar a donde quiera. Además tiene un negocio bien padre en el que hace disfraces para toda ocasión.

 

Otro de los voluntarios es Romain, de 21 años, ex actor francés de Paris quien lleva 6 meses  aproximadamente dando clases de inglés, después de haberse hartado de la vida vacía de su entorno y ahora busca la meditación y sabe mucho de budismo, lo cual me ha enseñado bastante, además que se ha convertido en un muy buen amigo con el que platico y me río mucho. Casi no habla, pero cuando comienza, descubres a una persona bastante sabia y graciosa, al cual sus alumnos adoran y quiere viajar por el mundo como pluma al viento, buscando su desarrollo personal. Yo le digo que es un viejo de 73 años atrapado en el cuerpo de un joven de 21. Es el primer Crazy Cat Man que conozco.

 

Las voluntarias Kathryn y Lika, la primera de Canadá y la segunda de EUA-Japón, quienes también  han renunciado a todo y se quedarán de voluntarias de largo plazo y llegaron hace como un mes aproximadamente; ambas son bien lindas, muy inteligentes y muy responsables en todo lo que hacen. Kathryn nos enseña yoga, habla chino porque vivió 10 años en Taiwán y Lika es lindísima, súper dulce, genuina, con costumbres muy japonesas, calidez y amistad sincera desde que te conoce, al estilo de los japoneses, te saluda con una pequeña reverencia y te entrega las cosas con ambas manos agachando la cabeza. Ella enseña a las muchachas de costura junto conmigo después que Laura se fue. Kathryn continuará siendo la siguiente Cecil, ya que lidera a los voluntarios y todas sus energías están en el deporte, la ONG, su crecimiento personal, sus comidas vegetarianas, yoga y sus hijos compartidos entre Lika y yo: los gatitos del mundo.

 

Mi último día de la ONG fue hoy, viernes 25 de octubre de 2013, los voluntarios: Kathryn, Lika, Romain, Andy (de Inglaterra), Michael (de Alemania), los monjes Rem y Rong y Lyhorn me prepararon una tardecita de snacks y convivencia al muy estilo de nosotros: mientras caía una tremenda lluvia, llevaron coca colas y red bulls, así como papitas de Taro (un primo hermano de la papa) y platanitos fritos (los cuales alejaron de mí porque saben que el plátano es mi archienemigo) fue muy bonito porque te das cuenta que has estado rodeada de gente valiosísima que hace las cosas con el corazón y tremenda responsabilidad. Les agradecí a todos por haberme enseñado demasiadas cosas, sobre todo a valorar la sonrisa de la gente, a ser feliz, a ser amable, a cuidar de todo aquello de vive (hasta de mis 3 gatitos de los que soy semi-madre) y ser feliz y reírse, solo porque sí.

 

Con mis alumnas compré pastel y comimos pastel, me regalaron figuritas de origami en billetes de 500 rieles (1 octavo de dólar, lo que es mucho para ellas), una bandita para el pelo y sobretodo, bastantes abrazos; Muchas de ellas lloraron, Lika lloró, yo lloré, todas lloramos. Les dije que esperaba que cada una de ellas fueran lo que quisieran ser, pero que se rodearan de amor, que escogieran un buen marido (porque es su más grande sueño), que buscaran a una persona buena que las respete, que siguieran sus sueños no importa lo difícil o imposible que se vea el panorama; que se conviertan en buenas madres  y se rodeen de grandes amigas; que todas tenían un potencial tremendo y no dejaran de buscar ser felices y rodearse de amor. Ellas se llevaron mi corazón, de verdad que a cada una de ellas las voy a recordar cuando tenga hijos y les hable de ellas, cuando esté viejita las recordaré bastante, lo sé; nunca vi tanta inocencia y brillo en los ojos de muchachas al hablar de sueños, novios, esperanzas. Fue mucho pastel y mucha lágrima.

 

Por otro lado, de Cambodia puedo decir que se convirtió en una casa para mí, la gente es el valor más importante del país. Rodeada de naturaleza, de árboles, palmas llenas de cocos, de ríos y lagos, de arrozales, de vistas magníficas de las zonas rurales y de gente en tuk-tuks, motocicletas y bicicletas, en su andar muy despacio, donde la vida se toma como debe ser, un viaje despacio que se disfruta en la felicidad y se disfruta en la adversidad. El valor de la familia, la comida y los ritos budistas siempre están presentes. Es una sociedad bastante conservadora, donde las muchachas no pueden tener varios novios ni mucho menos tener muestras de cariño en público (ni en la tele) pues eso obligaría a casarse. Una sociedad que las mujeres usan sarongs, las faldas tradicionales con estampados coloridos en su vida diaria y donde se baila al estilo Apsara, la cual es el estilo antiguo de baile desde el milenario Imperio Khmer y así bailan en todos los eventos y la música que escuchan es totalmente Khmer, música en su mayoría que habla de valores, de amor, de paciencia, de educación o de construir un gran país.... pero también les gusta escuchar a Rihanna, Beyoncé, Taylor Swift, Justin Bieber y son faaaaaaans de Celine Dion con "My heart will go on"...osea que aquí esta retrasadísimo en música, películas y modas.

 

Hablando de modas, la gente sigue las modas de Corea, Japón y China, imitan la música y las boybands de estos países: pelito largo estilo Justin Bieber pero más exagerado, pintado de colores (los hombres), ropa bien japan-hipster y pegada y las mujeres más jovencitas (y un poco más atrevidas) como animé japonesa, ya que la gente es extremadamente delgadita. El maquillaje es recargado, pero solo lo usan cuando hay alguna fiesta grande, con grandes peinados y vestidos largos con muuusho brillo y Shakira. Musho, musho en demasía. Aah! Además adoran las fotos photoshopeadas al extremo.

 

La comida es Khmer: parecida a la tailandesa pero sin picante y los ingredientes son muy limitados porque las importaciones son muy pocas; la dieta de los camboyanos se basa en arroz, noodles, puerco, pescado o pollo (muuuuuy pocas cantidades) y un chingo de ramitas y hojitas verdes, soya, huevos y aceites agridulces con muchas nueces. Toman mucho té y sus snacks usualmente son pescado, calamar o pulpo deshidratados, con una salsita picante y un poco de arroz. Casi no hay postres ni dulces, pero los que hay tienen mucho coco, azúcar (todo tiene azúcar aquí, hasta el arroz o noodles) frutas frescas y masas que hacen del arroz, como dumplings pero dulces y raritos). Aaah! y comen todo el día pero en cantidades bieeen chiquitas.

 

Ahora se está acabando la época de lluvias, la cual corre aproximadamente de junio a octubre y la época seca que es el resto de los meses, en especial Abril, donde las sequías arrasan el país y las cosechas; la falta de agua azota y la poca que hay está sucia y causa muchas enfermedades, sobre todo en las zonas rurales donde la pobreza es exorbitante.

 

La religión es 90% budista del estilo Theravada, al igual que Tailandia, Laos y Burma, pero también se encuentran algunas regiones islámicas y católicas. Porque cada lugar es como "sagrado", la gente siempre se quita los zapatos a la entrada, así que casi todo el día uno está descalzo: se enseña en los salones descalzo, se entra a los restaurantes descalzo, tu vida es descalzo, todo es sin zapatos...después de unos meses te deja de importar los pies llenos de lodo que no se quita con la regadera ni con esponja; te deja de importar que tengas que caminar en calles inundadas de agua sucia y chocolatosa hasta las rodillas y solo esperas que no se te meta algún animal raro en algunas de las heridas de los miles de mosquitos que te pican por hora. Y el repelente?? te preguntarás... pues básicamente les vale madres a los mosquitos...La ropa?? les vale madres...Mis piernas parecen las de un niño que se la vive jugando canicas en la tierra.

 

Hay una invasión de hostales por todos lados, por lo que los turistas están por donde sea, en su mayoría australianos y europeos... obvio los camiones de chinos turistas no pueden faltar, a los que les encanta gritar, tomar fotos, ponerse calcetines, eructar, hacer ruidos al comer y viajar hasta con suegra incluida.     

Los turistas europeos no son mejores, quieren hacer todo "sin verse turistas" así que prueban de todo, con quien platiques ya ha conocido medio mundo a sus 20 años, se ha aventado desnudo en skydiving desde un dragón de verdad para atravesar la muralla china o ha bailado salsa con un monje budista al son de música hindú en medio del Tíbet... o es aprendiz de la religión budista, andan pelones, son vegetarianos,  filósofos, que hasta les quieren dar clases a los monjes... es decir, un chingo de gente diferente que lo ha visto todo, ha viajado por todo el mundo, no les asombra nada y se empedan al son de viejas canciones de hip hop de antro white trash de Estados Unidos.

El concepto de los springbreakers para nosotros aquí es de británicos y australianos, que vienen en grupos grandes de amigos - principalmente universitarios- y se empedan hasta la madrugada para al siguiente día ir a ser cultural de nuevo, con el fin de tomarse la foto con el niño desnutrido y gritar que hicieron “caridad” en un país pobre como Cambodia y postearlo en Facebook. Es irritante.

Otro tipo de turismo es el de los voluntarios para ONGs ya que Cambodia tiene aproximadamente 2000 organizaciones registradas (la mayoría de ellas trabajan directamente para la comunidad enseñando inglés o colocando purificadores de agua en poblados) de las cuales solo 250 son confiables y establecidas de verdad... las demás son estafas para sacarle dinero a los turistas o falsos orfanatorios, o instalan purificadores de agua en comunidades donde ya tienen dos y tres por casa, pero no tienen comida que lavar.               

Los voluntarios vienen desde 2 semanas hasta meses, en su mayoría maestros de inglés, aun  cuando el idioma nativo sea otro. No todo es malo con esto, sino que muchas ONGs no llevan un buen proceso de selección de maestros o son organizaciones hechas al vapor, que los “voluntarios” que escogen son el tipo de mochileros de 20 años que solo quieren postear la foto en Facebook mientras le piden mariguana al muchacho del pueblo. Hay otros más responsables y gente que se toma muy enserio su responsabilidad. Hay de todo en la viña de Buddha.


La invasión de turistas es enorme, pero tuve la fortuna de conocer la comunidad de Expats que viven en Siem Reap, de los que también conocí grandes personas y otras no tanto, hay de todo por acá, desde los viejos raboverdes que vienen a casarse con una camboyana, hasta la gente que sí se casa con camboyanas por amor, hasta los que vinieron de vacaciones y se quedaron por años y regresan y regresan y arman una vida aquí. Hay gente de todos lados (menos de Latinoamérica los que somos contadísimos) y es fácil encontrar trabajo (de maestro en la gran mayoría de los casos).

Imagínate caminar por las calles de las zonas turísticas en Cambodia…vas caminando con tus pantalones “pata de elefante” con estampados de garigoleados y elefantes, toda sudada por el calor de 90% de humedad, olorosa a sope, con kilos de costras de lodo y expicaduras de mosquitos y te ofrecen desde masajes, pedicure de pescaditos, tuk-tuks o guías turísticos a Angkor Wat, el gran atractivo de Cambodia. El complejo Religioso más grande del mundo y tan magnífico que no puedes creer que no sea maravilla del mundo.
Ahora, sobre mis planes, aún no puedo hablar mucho de mí pues es una zona bajo construcción. Lo bueno es que ya contraté a los albañiles.

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