viernes, 25 de octubre de 2013

la historia de Cambodia a como la entendí.


Cambodia es un país que hemos escuchado usualmente en los programas de ayuda humanitaria, de esos que empezaban a las 10 de la noche en algunos canales de la tele en los años 90s: patrocina a un niño, alimenta a un niño, etc. Con figuras estremecedoras de niños en los huesos con su pancita y cuerpo atacado de malaria y otras enfermedades. Sí, fue un país de esos, pero el Cambodia que me he encontrado, es un país lleno de esperanza que va resurgiendo desde hace pocos años de uno de los episodios más horribles de la historia universal: la época del Khmer Rouge.

Explico un poquito (porque aún no soy muy letrada en su historia): Cambodia fue durante siglos, el Imperio Khmer -como se le llama a su gente y cultura- el cual fue un imperio poderoso con continuas guerras invasiones e intentos de invasiones por parte de los vecinos tailandeses, vietnamitas, chinos e hindúes. Es durante el floreciente imperio Khmer cuando se construyen los templos de Angkor Wat (los cuales le dan la importancia turística al país en estos días), sin embargo, se dejaron en el abandono en los años de 1400s y rápidamente fueron cubiertos por la selva.

Por todos estos intentos de invadir a los pobres Khmeres por parte de los siameses y los vienamitas, en 1863 el país pide la protección a Francia, concediéndola un año después, conviertiéndose junto con Vietnam y Laos en un Protectorado Francés: la Unión Indochina. Sin embargo, como ocurrió en muchas colonias francesas, portuguesas y británicas de África, la gente se rebela cuando las cosas se ponen color de hormiga. Así que en 1949 Cambodia se independiza, pero se le concedió la total independencia de Francia en 1953…. Cuando volvió a andar con sus propios pies, bajo el mando del Rey Norodom Sihanouk, gobierno bajo el cual hubo sus historias de progreso y sus historias de corrupción escalofriante…algo así como México.

En 1970 se derrocó al rey Sihanouk por el General Lol Nol, transformando al gobierno en la República Khmer con gobierno democrático. Sin embargo, la historia de terror empezó 5 años más tarde, cuando el Partido Comunista de Kampuchea, una tarde del 17 de abril de 1975, por un golpe de estado, tomó el gobierno de Lol Nol, estableciéndose Pol Pot como nuevo líder del país, el cual obtuvo nuevo nombre como Kampuchea Democrática, gobierno conocido mundialmente como la época del Khmer Rouge (khmer rojo) y convirtiendo al país en un sistema puro de sociedad agraria comunista.

Ese mismo día en que el Khmer Rouge tomó al país, les dio 4 días a los habitantes de las ciudades para que las evacuaran, bajo el pretexto de que “Estados Unidos va a bombardear las ciudades, especialmente la capital, Phnom Penh”, por lo que las ciudades quedaron solitarias y la gente emigró al campo, empezando el viacrucis del país a su destrucción. Los soldados rojos mataron de primera instancia, a todos los servidores públicos del gobierno de Lol Nol, además de todos los profesionistas y todos aquellos que tuvieran cualquier tipo o grado de educación…el simple hecho de usar lentes era razón para ser asesinado y torturado, pues demostraba que “se tenía algo de educación”. Se asesinaron a todos los doctores, abogados, ingenieros, científicos, académicos y todo aquél que hablara mal del gobierno, así como los extranjeros (el tener tez blanca como los chinos o vietnamitas era motivo de ser asesinado, por lo que la gente “blanquita” se untaba carbón, ya que los khmeres son morenitos); se destruyeron las universidades, escuelas, libros, comercios, bancos, oficinas, etc. En solo unos meses, habían acabado con la cultura y educación del país, con el fin de convertir a la población entera en una sociedad de agricultores y a la gente de la ciudad se les “debía re-educar para ser excelentes agricultores, como lo era la gente de las zonas rurales”.

Se instalaron campos de arroz y vegetales por todo el país, vigilados 100% del tiempo por soldados; se les otorgó casas pequeñas para cada familia, sin muebles ni instrumentos, se les daba de comer a ciertas horas, y tenían que trabajar en el campo todo el día, desde los bebés hasta los viejitos. Todos debían ser excelentes agricultores y contribuir al Angkar (la nueva filosofía de estado), si no se servían para eso, los mataban. El fin último era que fuera un país Khmer puro (por eso se mataba a quien fuera extranjero o diferente) y autosuficiente: arroz para toda la población. No existía la  propiedad privada ni el capitalismo, se destruyó el concepto de dinero ya que todo pertenecía a la comunidad, el simple hecho de recoger algún fruto silvestre era motivo de muerte por ser una actividad capitalista (para consumo propio). Se dice de un señor que por la hambruna, mató a un perro escuálido para comerlo, y al señor lo mataron a golpes por haber roto la principal regla: no compartirlo con la comunidad. La comida consistía en un arroz caldoso con mínimas tiras de pescado salado, en las cuales las porciones se otorgaban a la 1 de la tarde y a las 6.

La hambruna comenzó pronto sus consecuencias, recortando a una sola porción al día, donde se decía que el gobierno intercambiaba arroz a China, a cambio de armas, por lo que se comenzó otro tipo de exterminio al entero de la población: familias enteras se morían de hambre y enfermedades tratables como la malaria, pero al no existir médicos ni enfermeras, los hospitales los llevaban la misma población muerta de hambre, sin tener ni un conocimiento básico de medicina ni medicamentos que otorgar. La desesperación de la población llegaba al punto de comerse todas las plantitas que se atrevían a crecer, para comerlas a escondidas (ser sorprendido era motivo para matar), bichos, animales y a veces las mismas personas. Las muertes por envenenamiento por comer algo indebido también florecieron.

De aquellos que se mataban por traición, también se asesinaba a la familia, para evitar que los hijos crecieran con repudio y venganza al Angkar. A cierta edad de entendimiento, los niños y niñas se les enviaba a campos de entrenamiento militar, donde se les enseñaban métodos de tortura los cuales practicaban con animales, así como se les lavaba la mente con historias de los triunfos (muchas veces ficticios) del Angkar… convirtiendo así, a niños en soldados.

Lo más curioso, así como pasó con los nazis de Hitler, los gobernantes estaban llenos de contradicciones, puesto que ellos mismos tenían doctorados en universidades francesas, país donde comenzó a gestarse el movimiento. Las contradicciones las encontramos en todos los países, pero las contradicciones acompañadas de sangre son las que marcan etapas tristes de la historia.

Con ayuda de los vietnamitas (y al parecer a intervención de la ONU y otros países que “ya había sido suficiente” se derrocó al Khmer Rouge, siendo estos quienes instalaron el primer gobierno camboyano, pero el país no se iba a reestablecer, sino iba a volver a nacer. Se había destruido todo, solo quedaba el territorio y una población que no estaba instruida y lo único que sabía hacer era trabajar la tierra. Hubo pocos casos en los que algunos jueces, académicos, abogados, doctores o profesionales en su materia, sobrevivieron (mintiendo sobre su profesión con la ayuda de su familia).

Aproximadamente en el 82, se estableció el gobierno camboyano por elecciones convocadas por la ONU (con la mano negra de Vietnam, de Estados Unidos a través de las Naciones Unidas y probablemente otros pedazos del pastel fueron repartidos) y en medio de las años 80s  se eligió a Hun Sen como primer ministro…. El cual sigue siendo primer ministro del país a casi 30 años de mandato…democrático…o quise decir: “democrático”. Ya se imaginarán el malestar de la gente, al ver que su país sigue hundido en la pobreza y los camboyanos siguen sin oportunidades.

No soy una experta ni soy apasionada porque no lo hago de diario, pero la verdad es que me gusta demasiado la historia – el problema es que tengo memoria de corto plazo – y pienso que para entender un pueblo hay que conocer la historia y así entenderás sus políticas, la infraestructura, la comida y hasta la forma de ser de las personas.

Camboya se ha metido en mi piel, como quien descubre sorpresivamente que se siente como hogar.

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